Como cuando las letras te empujan de la cama y no te dejan dormir, tan solo soñar

Esa maldita manía de permitirle a mis manos sentir.
Dejar que desdibujen el orden pre establecido de la diplomacia.
Romper el papel con alaridos de placer.
Cocer las letras en la oscuridad y entregarse a la incertidumbre.
Penetrar el lienzo, el papel y una piel, sin permiso.
Despertar embriagada de palabras, con piernas y mente dispuestas a la fértil imaginación.
Correr con la mano para alcanzar el momento perfecto y descifrar tu mirada encriptada en la ventana.
Ausencia de escrúpulos lingüísticos.
Avatares del silencio supuesto, cuando los gritos feroces de las palabras en mi cabeza despiertan y enloquecen sin razón aparente.
Una noche más, enfrentándome a la indomable sed de redactar.
